15:35 p.m. Hacía un calor insufrible en el apartamento y las horas transcurrían lentas derritiendo las paredes de la cocina manchadas de grasa. Permanecía sentado en una de las sillas blancas de madera de la cocina, apoyado sobre la mesa, sudoroso y aturdido, observando el reloj de pared de mi padre. El segundero del reloj marcaba el único sonido de la habitación "tak tak tak" acompasado rítmicamente con los latidos de mi corazón que cada vez se hacían más notables "bum bum bum" como si de una competición entre ambos se tratara. El sonido del segundero ya era tan ensordecedor que me estaba desquiciando "TAK TAK TAK", "BUM BUM BUM" repetía contundente mi corazón a punto de salirse del pecho. ¡¡YA BASTAAAAAAAAA!! - Grité con los ojos cerrados y las manos sobre la cara. Abrí los ojos y me encontré a mí mismo sentado en el sofá del salón, junto a mi padre que observaba el televisor cuál zombi, sin pestañear, inmóvil. Mi respiración se encontraba agitada, tenía temblores y no paraba de sudar. Pasé de nuevo mis manos por mi cara y a la altura de mi boca noté un dolor punzante, palpé con mis dedos y comprobé como un diente se movía. Cuando dejé de tocarlo este cayó al suelo y con él empezarón a caer todos los demás acompañados de borbotones de sangre que brotaban de mis encías y bañaban mi lengua. El dolor me paralizaba -¿Qué locura es esta?- me pregunté a mi mismo sin hallar respuesta alguna. Desperté de golpe faltándome la respiración sobre la cama regada de sudor -¡Ha sido un sueño! Un macabro sueño- exclamé. Resoplé aliviado, quitándome un peso de encima, fue entonces cuando lo ví, el reloj de pared de la cocina se hallaba colgado en la pared de mi cuarto marcando las 15:35 p.m., con el segundero parado, con el tiempo inerte.
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